miércoles, 11 de mayo de 2011

El Truco: Método para Memorizar Textos Bíblicos

El Truco: método para memorizar textos bíblicos
Por: Fernando Casanova, Ph.D.


Estimado colega:

Todos me preguntan que cómo hago para saber tantos textos bíblicos de memoria, que cómo me vienen a la mente en el momento indicado, con fluidez y con tanta seguridad.  Hasta ahora había sido mi secreto (siempre es divertido impresionar, tú sabes, aún no soy santo).  Pero llegó el momento de compartirlo con mis colegas católicos… y tú, estás entre ellos.

Quiero compartir contigo este secreto.  Se trata de un método que utilizo para aprender textos bíblicos y decirlos de memoria.  Es un truco que practico y que me resulta.  Son 5 puntos o etapas.  Perdóname, pero sólo te proveo el bosquejo, a ti te toca elaborarlo, como me tocó a mí.  Tienes que esmerarte, poner empeño, pero no te preocupes, no te va a doler.

Me animo a compartir El Truco, porque ya he visto su efectividad en otras personas.  Lo hemos enseñado y podemos testificar cómo personas comunes (no teólogos, no intelectuales) logran dominar y aprender textos de la Biblia.  Luego, esas mismas personas, por el entusiasmo generado, se convierten en estudiantes aventajados de la Biblia y de la Doctrina católica.

Si quieres el panorama completo de esta estrategia, pues, tendrás que invitarme al próximo seminario o encuentro que programen en tu comunidad o grupo.  Pero si lo elaboras y practicas, quién sabe, tú podrías ser el invitado.

¿Estamos listos?  Aquí lo tienes:


  1. Interésate

Esto es lo más importante. 

Si logras interesarte
 nadie te detendrá ni te desanimará.
¡Dije “nadie”!

    1. Desarrolla tu interés metiéndote en la cabeza que tu salud espiritual y tu sabiduría doctrinal, moral y humana se incrementarán mientras aprendes acerca del mensaje de Jesucristo y la Iglesia que aparecen en la Biblia. 

Y para que te convenzas, lee estas 3 declaraciones del Espíritu Santo a través de Su Iglesia:

                                         i.    “La Iglesia recomienda insistentemente a todos los fieles… la lectura asidua de la Escritura para que adquieran la ciencia de Jesucristo (Flp 3, 8), ‘pues desconocer la Escritura es desconocer a Cristo’ (S. Jerónimo) (DV 25)” (CIC 133). 

                                        ii.    “Por esta razón, la Iglesia ha venerado siempre las divinas Escrituras como venera también el Cuerpo del Señor.  No cesa de presentar a los fieles el Pan de vida que se distribuye en la mesa de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo (cf DV 25)’ (CIC 103)”

                                       iii.    “En la Sagrada Escritura, la Iglesia encuentra sin cesar su aliento y su fuerza (DV 24), porque, en ella, no recibe solamente una palabra humana, sino lo que es realmente: la Palabra de Dios (cf 1 Ts 2, 13).  ‘En los libros sagrados, el Padre que está en el cielo sale amorosamente al encuentro de sus hijos para conversar con ellos’ (DV 21) (CIC 104)”.

Te recomiendo también que leas y medites en:

                                      iv.    Éxodo 24, 4; Deuteronomio 17, 18; Salmos 119, 49-50. 89. 103. 105. 116. 130. 133. 139-140. 154. 158. 160-162. 169-170. 172; Josué 1, 8; 1 Macabeos 12, 9; Lucas 1, 1-4; Juan 5, 39; 2 Timoteo 3, 15-16; Apocalipsis 1, 10.

    1. Diviértete.  Piensa en lo divertido que será compartir lo que vayas aprendiendo.  Imagina a tus amigos y familiares protestantes con la boca abierta, y luego consultándote a ti sobre asuntos religiosos y espirituales.  Te lo digo por experiencia, es divertidísimo.

    1. Comienza con textos que por alguna razón te interesen de forma especial; los que signifiquen mucho para ti o que tratan sobre un tema que te interese mucho.

                                         i.    Comienza con 1, 2, no más de 3 versículos sobre un mismo tema o cuestión.

                                        ii.    Que esos 3 textos estén relacionados con temas y situaciones que te interesen mucho.  No, mejor que te interesen muchísimo.  Piensa: ¿Qué te interesa?  ¿Por qué te interesa?  ¿Para qué te interesa?

1.   Algún dogma o dogmas de la fe. (¿Por qué me interesa?  ¿Para qué me interesa?)

2.   Apologética: defender tal o cual aspecto de tu fe que alguien pone en duda o con el cual te retan. (¿Por qué me interesa?  ¿Para qué me interesa?)

3.   Situación personal o familiar: divorcio, sexo, trabajo, carácter, etc. (¿Por qué me interesa?  ¿Para qué me interesa?).

4.   Edificación espiritual: espiritualidad y vida interior, guerra espiritual, oración, etc. (¿Por qué me interesa?  ¿Para qué me interesa?)

En mi caso personal, me interesan mucho aquellos textos bíblicos que validan la institución divina, el propósito y la necesidad de la Iglesia Católica.  Aquí me hago la primera pregunta: ¿Qué me interesa? Respuesta: la Apologética.  Acabo de sintonizar con mi área de interés. 

Luego identifico los textos (3, para comenzar): Mateo 16, 18-19; Juan 14, 16-26; 1, Timoteo 3, 15). 

Segunda pregunta: ¿Por qué me interesan esos textos?  Respuesta: Para fundamentar mi decisión de hacerme católico.  Seré más feliz si mi decisión está fundamentada por la Biblia, y así podré consolarme mejor por la pérdida de aquellos hermanos. 

Tercera pregunta: ¿Para qué me interesan esos textos?  Respuesta: Para cerrarle la boca a los que me cuestionan con sus prejuicios y sin fundamentos.

Uno de nuestros colaboradores de La Alianza Formativa es un jovencito de 19 años, al cual estoy entrenando en esto de memorizar textos bíblicos y dar conferencias para jóvenes.  Al principio, conversando con él, nos dimos cuenta de que le interesaban mucho los temas de noviazgo, castidad y sexo.  Así que por ahí nos fuimos, identificando textos bíblicos que ilustraran la doctrina católica acerca de esos temas.  El muchacho se interesaba y entusiasmaba más mientras daba con los textos y los relacionaba con su interés personal de joven y su fe religiosa.  Hoy por hoy no conozco a nadie que domine más estos temas desde el punto de vista bíblico.  Su meta es memorizar todo el libro de Cantar de los Cantares; y sabes qué: se lo va a aprender, no lo dudo.  ¿Que cómo lo sé?  Sencillo: porque está muy interesado.

Tú lo puedes hacer también.  Comienza con ese tema o cuestión que más te interesa, para que te intereses luego en los textos bíblicos mediante los cuales Dios te va a hablar.


  1. Concéntrate

    1. Ten muy presente:

                                         i.    Una buena concentración es cuando estás totalmente metido con el (los) texto (s): ojos, voluntad, imaginación, memoria, intelecto… con todo tu ser.

                                        ii.    Esto requiere trabajo.

                                       iii.    Mientras más te esfuerces en concentrarte más fácil se te  hará luego.

    1. Concéntrate en el primer texto bíblico que quieres aprender.  Sigue con el segundo y luego el tercero.

    1. Enfócate­.  Aquello en lo que te enfocas, se expande.  Enfoque es lo contrario de distracción. 

Clave:
Enfócate en los textos.  Evita distracciones.

    1. Observa tus textos en la Biblia y subráyalos.

    1. Escríbelos en papel y relaciónalos como te enseñaré en la 3ra  etapa de este truco, perdón quise decir “método”.

                                         i.    Escribir es importante en el proceso de aprendizaje porque lo refuerza.

1.   Escribir pone en función otros mecanismos psicomotores que refuerzan la concentración y obligan al enfoque.

2.   Todos los textos que escuchas que digo de memoria, los he re-escritos una y otra vez, muchas veces.

Cuando quiero asegurar en mi mente los textos que ya sé,
los recito, los verifico en la Biblia, los escribo, y luego los vuelvo a escribir.

    1. Evita distracciones cuando estés en esto.

1.   Busca el mejor lugar y momento, con iluminación adecuada.  No olvides los espejuelos, te quiero en esto con todas las herramientas.

2.   Apaga el celular.  Desconecta el teléfono.  Da instrucciones de que no te molesten en “10 minutos”, por ejemplo.  Desconecta el radio.  Apaga el televisor, o mejor, rómpelo, y di que se averió (Para cuando te traigan otro ya habrás aprendido muchos textos; ¡y obtendrás un televisor nuevo!). 

                                        ii.    Mientras no estés específicamente en este ejercicio de aprendizaje de textos bíblicos, usa cosas que te recuerden tu objetivo y te mantengan detrás de tu meta, o sea, enfocado (a).

1.   Pon tus Biblias (o las de los demás) donde las puedas ver con facilidad.

2.   Escribe tarjetas con textos bíblicos que te motiven a aprender la Palabra de Dios.  Prepáralas que se vean lindas.  Pon una en tu mesa de noche, otra en el espejo del baño, en la cocina (la mía está en la cafetera, pues es lo primero que atiendo cuando llego a la cocina por la mañana), en la mesa donde comes (por eso es que tienen que ser muy  bonitas), y en el panel de instrumentos del automóvil.  Frente a mí en este momento, en mi escritorio, tengo una con mi texto motivador preferido para estudiar la Biblia: “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino (Salmo 119, 105).”  Más arriba te señalé algunos textos que te pueden asistir en esto. 

Y te puede servir también lo que puse más arriba sobre las declaraciones del Magisterio.  En la tarjeta de mi mesa de noche escribí la famosa frase de San Jerónimo: “desconocer la Escritura es desconocer a Cristo”.

3.   Usa tu imaginación.  Conozco a una parroquiana que tiene ilustraciones pequeñas y estampas de la Biblia, como el Sermón de la Montaña, la Ultima Cena, la multiplicación de panes y peces, las tablas de la Ley, y del rey David tocando el arpa.  Las tiene en sitios estratégicos, como tiene que ser, ya que si no te refieres a estas cosas constantemente se pierde el efecto.

4.   Repite dichos y frases que te motiven y te concentren en este asunto.  Tienes que hacer de esto parte de tu vida.  Repítete a ti mismo (a), una y otra vez, frases que te ayuden en tu propósito. 

Yo hago algo que aprendí de mi amigo, Mons. Wilfredo Peña: hago las señales de la cruz que se hacen cuando rezamos “Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos…”, pero diciendo: “Que esté la Palabra de Dios siempre en mi mente (primera señal), en mi boca (segunda señal), y en mi corazón (tercera señal)”; y concluyo persignándome en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo…

Y también repito mucho aquella frase de San Jerónimo, y los versículos 105 y 133 del Salmo 119.

Lo importante es que así te estarás entrenando en esa incómoda estrategia de concentrarte. 

No te impresiones cuando me escuches recitando 10 textos bíblicos seguidos, impresiónate más bien de mi concentración y enfoque.
Ahora, date coraje con mi pedantería y di: “¡Si este tipo lo hace, yo también! 
¿Pero qué se ha creído?”


  1. Asocia

    1. Que los textos que tratas estén relacionados (vinculados, identificados, asociados) a tu interés, tema o cuestión.

    1. Sácalo de la Biblia.  Escríbelo (s), utiliza también marquitas o dibujitos, claves, flechas, para relacionar los textos que escribes, entre ellos o con el tema.  Usa tu imaginación.  Crea tu propio sistema.

    1. De vez en cuando, aleja tu mirada de la Biblia y los diagramas que escribes y ensaya tu memoria.  Trata de decir lo que has escrito y relacionado.  Poco a poco, primero un texto, después el que está relacionado (explica en voz alta y en tus propias palabras en qué consiste la vinculación), y sigue con el tercero y vuelves a explicarte su relación.  Dale prioridad a esto, para que no des demasiados traspiés en el 5to paso.

    1. Lleva los diagramitas a tarjetas.  Escoge el tamaño apropiado para ti.  Y llévalas contigo a todas partes.

    1. Mira como yo hago esto, si quiero explicar que la Iglesia es importante y necesaria:

                                         i.    La Iglesia es importante, determinante y por lo tanto necesaria porque Él la fundo, y porque decretó que las puertas del infierno no iban a prevalecer contra ella.  Eso esta en Mateo 16, 18 y 19.  Entonces, ¿cómo es posible que hoy alguien se atreva a decir que la Iglesia no es necesaria, o que no importa, o que da lo mismo una que otra.

                                        ii.    No se puede prescindir de la Iglesia, si dice 1 Timoteo 3, 15 que “la columna y el fundamento de la verdad es la Iglesia.”

                                       iii.    La Iglesia es necesaria, y yo la quiero, porque según Efesios 1, 23, la Iglesia “es Su cuerpo y en ella se despliega Su plenitud (de Cristo).”

Ya relacioné estos 3 textos.  Los saque de la Biblia y los puse gráficamente en un papel.  Hice dibujito, diagramitas, un par de flechitas, escribí un par de claves para relacionarlos, y los seguí relacionando hasta que compuse las breves explicaciones que viste arriba.  Los puse también en una tarjeta (“index card”) para llevarme los textos y aprenderme también la relación entre ellos (por los diagramitas y explicaciones), de manera que pueda usarlos en una misma dirección, con propósito.  Esto me tomó 3 días. 

El proceso lo repetí con los siguientes.

                                      iv.    Yo no quiero equivocarme, por eso me fijo de la Iglesia, porque dice Efesios 3, 10 que “los más maravillosos aspectos de la sabiduría de Dios” se descubren mirando a la Iglesia.

Y no me digas que está bien que el Cuerpo de Cristo se vea dividido, porque eso confunde.  No seas ingenuo ni incauto.  El Señor no es bobo.  Él ya atendió ese problema cuando, conversando con el Padre, dijo, en el Evangelio de Juan, 17, 21, “Que todos sean uno, como tú  Padre, estás en mí y yo en ti.  Que ellos también sean uno en nosotros, PARA QUE EL MUNDO CREA que tú me has enviado.”  ¿Por qué el mundo no cree?  Según este versículo, por la división.  El Señor dice, en Juan 16, 13  que el Espíritu Santo nos iba a conducir “a la VERDAD, completa.”  No a las verdades, no a las opiniones, sino a una sola y única VERDAD.  Mi Dios no quiere confundir a nadie, “pues Él quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”, según dice en 1 Timoteo1, 4. 

Ya tengo aquí 3 textos más, en 3 días.  Llevo 6 días, mismo proceso, 6 textos bíblicos en total aprendidos y usados de forma concertada.  Ya estoy listo para 3 más en los próximos 3 días.

                                        v.    Por eso tiene que haber un solo sentido, una única versión, una sola Iglesia.  No entiendo eso de que tuviste una experiencia con el Espíritu Santo que te sacó de la Iglesia para otra que alguien fundó recientemente y que enseña cosas distintas a la Iglesia de la que saliste y que lleva enseñando y creyendo lo mismo hace 2 mil años.  Explícame eso, porque 1 Corintios 12, 13 dice que “hemos sido bautizados en un mismo Espíritu para conformar UN SOLO CUERPO.”  No olvides la unidad del Espíritu que describe el Apóstol en Efesios 4, 3-5: “Un solo cuerpo y un mismo Espíritu… Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo…”  Quédate en la Iglesia Católica, para que no te tomen el pelo.  Fíjate por qué San Pablo manda esa unidad del Espíritu que te acabo de describir; lee un poco más adelante, en Efesios 4, 14: “Entonces no seremos ya niños a los que mueve cualquier oleaje o viento de doctrina o cualquier invento de personas astutas, expertas en el arte de engañar.”  

Hasta aquí aprendí 9 textos.  Me tomó 9 días.  Logré darle sentido a los textos porque los relacioné entre ellos, los asocié, les di un propósito importante para mí y que me hace feliz.  Fundamento mi opción por la Iglesia Católica, puedo defenderme y proponerle mi fe a otros.  ¡Y te impresioné también, no lo niegues!   


  1. Repite

    1. ¡Sip!  Así como lo oyes.  Dije que era un método para aprender textos bíblicos, no dije que iba a ser fácil.  A mi no se me ha hecho fácil, y tenemos la misma capacidad cerebral.  Si mi hijo de 8 años lo hace, tú también.  Si mi madre, de 70 años y carente de letras lo hace, tú también.  ¡Anda, practica!

    1. Identifica textos bíblicos, concéntrate en ellos metiéndotelos en el alma, como si de ello dependiera tu salvación; asócialos contigo, entre ellos, con un tema.  Y repite esos textos, una y otra vez.

                                         i.    Repite la lectura de esos textos.

                                        ii.    Recítalos de memoria, y confronta tu memoria con la lectura.

                                       iii.    Escríbelos de nuevo.

                                      iv.    Refiérete una y otra vez a los diagramitas que diseñaste, en el papel y en las tarjetas.

                                        v.    Lleva las tarjetas a donde quiera que vayas, y revísalas.

    1. Si dedicas 7 días a repetir 3 textos bíblicos, habrás aprendido y asimilado 12 textos en un mes.

¡12 textos es el promedio de textos bíblicos que sabe de memoria un protestante
“bien formado”!

                   Y no he terminado.  Esto significa que en 1 año puedes aprender más de 150 textos bíblicos.  Wow! 

    1. Ponle música a tus repeticiones.  El ritmo acelera la memorización.  A mi me gusta cantar los textos que voy aprendiendo.  Les pongo ritmos que me gustan o que vayan con los versículos, según mi apreciación, habilidad o interés.    Yo pongo los textos que voy aprendiendo en tiempo de balada, opera, canto gregoriano, rock o salsa, lo que vaya mejor con el texto o según me sienta.

Advertencia: canta para ti, por favor.  Que los demás no te oigan.  Ya yo traté, unos se burlaron, y otros se escandalizaron.  También la culpa fue mía, canto horrible.


  1. ¡Practica, practica, practica!

    1. Esta es la parte más divertida, después de aquella de los diagramitas y dibujitos.  Aquí, desde ya, con tus primeros 3 versículos bíblicos, comenzarás a sorprenderte y a sorprender a los demás. 

Advertencia: no practiques con el cura de tu parroquia hasta que no pase el mes y sepas como 12 textos.

    1. Practica solo (a), frente al espejo, dale una clasecita a tu cónyuge, háblale a tu compañero de trabajo o vecina de un asunto o tema de la Biblia que te llamó la atención, y menciónale esos 3 textos bíblicos, relacionándoselos, explicándoselos… quizá puedas seguir la semana que viene con los otros 3, y así por el estilo.

Tengo un amigo mexicano al cual le enseñé este método, él les da ritmo de Mariachi.  Dicho sea de paso, este amiguito mío ya sabe sobre 50 textos de memoria, casi todos los utiliza para defender la fe en cuanto a la Virgen, Eucaristía, Confesión y divinidad de Jesucristo.  ¿A que no sabes en que casa NO paran los Testigos de Jehová?  Sip, en esa misma, en la casa del mexicano.

Busca tu ritmo musical, las ocasiones y personas con las cuales vas a presum……….., perdón, a practicar.  Y hazlo.

    1. Yo practico mucho con mi esposa Lissette.  A la pobre le toca escuchar la retahíla de textos bíblicos con las explicaciones correspondientes.

“Lissette, ¿sabías tu que San Pablo intercede por un amigo de él (Onesíforo) que ya era difunto?  Si mi amor, lo puedes buscar, está en 2da  de Timoteo, capítulo 1, versículos del 16 al 18.  No sé por qué esto de la intercesión a favor de los muertos genera tanto lío, ¿es que acaso no han visto el sacrificio por los muertos que agrada a Dios en 2da de Macabeos, capítulo 12, versículos del 38 al 45?  ¿Qué pasará cuando estos que cuestionan nuestra fe lleguen al cielo y se encuentren con la intercesión activa de los santos y ángeles a favor de los que quedan en la tierra?  ¡Si así aparecen en la Biblia!… mira, ve conmigo a Apocalipsis 5, 8.”  ¡3 textos bíblicos más! 

Luego, si no me ha mandado a callar, le muestro Apocalipsis 8, 3-4, y se lo relaciono con Tobías 12, 12 y Jeremías 15, 1.  ¡Otros 3 textos bíblicos! 


Hasta aquí por ahora.

Este secreto, o truco, como prefiero llamarlo, lo expliqué un poco en mi programa Razones de Nuestra Esperanza (Radio Católica el Sembrador).  Lo he enseñando también en seminarios y talleres a los que me invitan.  Este método ha causado sensación porque funciona, porque cualquiera lo puede desarrollar, porque cualquiera, con un poco de interés y perseverancia, lo puede hacer.  Hoy son cientos de católicos los que le han perdido el miedo a la Biblia y la abordan con confianza y maestría.  Únete a este grupo cada vez más grande y entusiasta de católicos bíblicos.  Te estamos esperando, pero primero lo primero…  sí, El Truco, ¿recuerdas? 

Es cierto que este truco lo he ido perfeccionando en los últimos 3 años, pero llevo practicándolo desde que era un jovencito evangelizador pentecostal.  Ahora pongo este “truco” en tus manos. 

Concluyo con un dicho muy mío, y que lamento no esté en la Biblia: “Lo más  difícil de hacer las cosas es comenzarlas, continuar es siempre más fácil, terminarlas es glorioso”.

Te quiero mucho.

Nos vemos en la cima,

Fernando Casanova

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